La Soledad
Esta mañana ese fue el tema del que hablaron en la radio. Comentaban los efectos terribles de la soledad; recuerdo que mencionaron depresión, Alzheimer, ACV, parecía que estaban hablando de estrés en vez de ansiedad. Y yo me dije: Yo estando sola, nunca me he sentido sola. A veces me he sentido más sola estando acompañada de la gente inadecuada.
Me preguntaba manejando si esto dependerá de algún nivel de conciencia. Aun estando en un espacio carente de humanos, estoy con Dios, gústele a quien le guste, Él me ve hasta cuando estoy en el baño; Él siempre está conmigo. También estoy yo, entonces estando conmigo no puedo sentirme sola.
Yo creo que el secreto está en disfrutar de esos momentos donde podemos escoger exactamente lo que queremos hacer, comer, sentir, disfrutar. No le tenemos que consultar a nadie, solo a nosotros mismos. Es un regalo de la vida el estar solos. Y si queremos estar acompañados, pues animémonos a buscar compañía, a conocer gente nueva, a ver la gente pasar en una plaza, en un parque; a conversar con el trabajador de la tienda. A invitar a un buen amigo (a) un café en nuestra casa o a ofrecerle una visita a ese familiar o vecino que tenemos tiempo sin ver. Yo de verdad creo que nuestro propio cerebro nos juega muchas trampas y que a veces recreamos pensamientos que más que ayudarnos a crecer, nos hacen daño.
Crecí con una madre que todo el tiempo decía que la soledad era horrible, que comer solo era lo peor. De verdad, cuando tuve edad me propuse tener estas experiencias a ver si de verdad eran tan horribles. Fui a comer sola a uno de mis restaurantes favoritos; leí mientars esperaba la comida. Otro día fui al cine y disfruté la película tanto o más que estando acompañada. Me di cuenta de que esto eran ideas que fueron sembradas en ella. Y la verdad, si no eres una persona abierta al cambio y a aprender otras cosas, te vas a quedar con tus creencias, sintiendo lo mismo, sin esperanza ni preparación para cuando no haya nadie.
Sigo con el ejemplo de mi madre. Mi padre se fue primero y si ella no está con gente, no parece estar feliz. Disfruta de dormir tanto como le apetece pero siempre que vamos y comemos con ella, hace la acotación, "Es que es mucho mejor comer acompañado" "Es que sola no me provoca" Es muy chistoso porque vemos que disfruta de la compáñía. Sin embargo, porque ya está Viejita, si alguien le hace una visita muy larga, se queja. "Vino a visitarme Fulana, la pasamos muy bien pero se quedó 4 horas, estoy agotada".
Y así, de repente, pasamos de la soledad a la inconformidad. Y me pregunto si ese será realmente el problema de algunas personas, el ser reacios a adaptarse a las circunstancias y disfrutar de ellas como vengan.
Pongamos en práctica el agradecimiento cada mañana y cada tarde. Disfrutemos de nuestra respiración y de la existencia del otro. Entendámonos como parte de un plan perfecto y mucho más grande que nosotros. Quizás esta sea la fórmula para comprender que aunque lo parezca, nunca estamos solos.
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